Han pasado más de ciento cincuenta años desde que mi bisabuelo se instaló en el Grao de Valencia, más de diez desde aquella tarde de otoño en la que mi padre recordó su infancia pero, para mi sobrino Eduardo y para mí, la manera de entender la viticultura y la enología sigue, en lo fundamental, la misma: cultivo esmerado de las mejores castas, elaboración y crianza artesana en la bodega de la Casa don Ángel, en el centro del Pago Vera de Estenas.
Mi padre decía: no hay secretos, hay que amar el vino.














